
Todos sabemos amar, pues hemos nacido con ese don. Algunas personas lo practican naturalmente bien, pero la mayoria tiene que reaprender y recordar cómo se ama.
Amar es integrarse y girar en el movimiento creador y eterno del amor.
Amar no es “querer”. Y cuando utilizamos “amar” como sinónimo de “querer”, dando a entender que amamos, lo hacemos equivocadamente. Cuando sólo “queremos” a alguien no lo estamos amando. Lo estamos utilizando.
Querer tiene componentes de utilización, de posesión, de deseo y de interdependencias que son ajenos al hecho verdadero de amar.
El amor cuando es verdadero y genuino es expansivo, inclusivo (o no excluyente), activo, tolerante, no beligerante, creador, libre, paciente, transformador, receptivo, fertilizante, desinteresado, desapegado y lúcido.